La madre tierra respira,
se estira,
bosteza...
La madre tierra vomita lo que la intoxica,
acaba con lo que le estorba
para seguir viviendo.
Es sabia la madre tierra.
Todo en su faz tiene razón de ser, todo,
todo,
todo...
Todo en la madre tierra es bueno,
todo tiene su propia vida,
su ciclo vital,
su por qué,
su para qué.
El infito espacio en el que la madre tierra se sostiene,
ése al que le dan muchos nombres para hacerlo de alguna manera tangible...
Ése espacio también tiene sus reglas del juego,
sus sabios y violentos ciclos...
La madre tierra está viva,
la madre tierra se mueve...
La madre tierra goza la vida,
la madre tierra goza viendo a sus creaturas en constante movimiento...
La madre tierra se divierte cuando se ve reflejada en cada uno de sus pequeños,
minúsculos, microscópicos vástagos impregnados de su sangre, de su vida...
La madre tierra concibe, pare, aborta...
La madre tierra ve nacer y morir a sus vástagos y no se escandaliza,
no, la madre tierra es sabia, es consciente de su ciclo vital,
de la vida,
de sí misma que es la vida...
de sí misma que también contiene la muerte en cada bocanada de vida.
La madre tierra es mi madre, soy yo en su inmenso vientre esférico...
La madre tierra es la vida que corre por mis venas...
la sangre que trae el eco, la canción, de la madre tierra y me dice...
me dice...
me grita...
¡Vive!, ¡Vive!¡Vive!
¡Muévete!
¡Haz lo que yo, renuévate, sacúdete sin contemplaciones!
¡Puríficate como yo!
Arrastra con furia lo que ya ha cumplido con su ciclo vital.
Así sentirás cómo el equilibrio entre la vida y la muerte se restablece...
¡Purifìcate! ¡Muévete! ¡Renuévate!
La madre tierra habla,
rie,
llora...
duerme,
despierta,
¡Se purifica!
Cándida.
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