La noche estrellada,
la arena mojada,
mis pies con sandalias.
Brinquitos silenciosos secundan mis pasos,
el viento alborota mis cabellos mientras pierdo la cuenta...
una, dos, tres...siete... una, dos, tres...
y las estrellas son tantas como mis sueños.
El ronroneo merodea mis piernas y no sé si soy faro o musa de sal.
¿En dónde están las estrellas?
Todos creen que están arriba.
No, las estrellas estamos abajo y nuestro brillo sube al firmamento.
De pie frente al mar con su eterno siseo, bramido, rugido, lamento o cántico acuático...
me envuelve la brisa y el gatito mi guardían compañia vigila tras de mí, como si viera mi pasado y su futuro a la vez. Ronronea, ronronea como la réplica felina a la voz del mar...
Gatito con estrellas que titilan cuando casi se hacen uno el mar y él en sus constantes sonidos que lo embriagan de placer.
Mis cabellos se alborotan, mis ojos titilan y mis sueños, yo en fragmentos, se dispersan, estrellas de mí.
Gatito estrellado, me mira con sus dos estrellas. Una, dos. Dos estrellas para un gatito.
Cándida