Un haz de luz y la rosa que tiembla con las caricias del viento.
El cielo se ruboriza y la cálida tarde escucha los deseos del corazón.
El condor pasa mientras dos se cantan amores.
La guitarra es cómplice y testigo de miradas, suspiros y susurros.
El caballero le declara su amor a su señora, princesa de boca de fresa.
Le ofrenda dos cruces, una argentina y la otra de madera, un perro guardián,
un búho, una blanca lechuza y su amor en una hoja blanca.
La dulce doncella, le canta al amor que apenas araña su ser.
Rosas rojas y cuadros de santos hoy son un recuerdo.
La reina en silencio eleva sus rezos.
El caballero duerme, la tierra, como aquella tarde, es cálida,
el fuego calienta y alumbra su plácido sueño.
Dicen que su última batalla fue larga.
En el combate el enemigo no dió la cara pero asestó el golpe de gracia.
Un día vió venir de una vez todos los lugares, los rostros
y los recuerdos de sus batallas.
Un día de golpe escuchó toda la música,
todas la melodías, todas las voces en su cabeza.
Y todo su ser encontró el alivio en todas las caricias,
los besos, las sensaciones que lo levantaron de más de una caída.
Dulce princesa, gotas de rocío, lluvia de verano...
Flores y frutas perfuman tu hogar.
Incienso y tabaco entre mustios cirios...
Notas de guitarra, canciones y memorias sueña el caballero al atardecer.
No comments:
Post a Comment